DAVA
Sientes correr la brisa marina
junto a las aves ebrias
que beben la espuma desconocida
y se agitan en el cielo que te baña.
Al fogaje de ese corazón abierto
que las aguas del mar humedece,
nadie podrá, en las noches de tempestad,
arrastrarte hacia tu propio naufragio.
Porque eres, además, como una quieta armonía
que incluso agobia al poeta más sereno,
a la flor de belleza taciturna, exótica,
al silencio.
En el mástil de tu embarcación
no flamean pañuelos de adioses.
Más bien se han reunido en torno a él
esas aves que siempre reposan en tu mirada azul. ®

1 Comments:
Pablo...que puedo decirte, me he quedado impactada, gracias querido amigo por elegir esta bella poesía. Ya sabes lo agradecida que estoy y el significado que tus hermosas letras producen en mi. Eres especial.
Besos.
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